domingo, 20 de mayo de 2012

La teoría del valor



La teoría del valor, basada en la utilidad subjetiva, que se encuentra en las obras de San Bernardino, es copiada literalmente de la de Pedro Juan de Olivi. Dice el santo: «… en cada cosa que tenga un valor se pueden observar tres calidades o características: su virtud, su escasez y su capacidad de satisfacer las necesidades humanas». Esta es la parte que también San Antonino transcribe literalmente en su Summa. Sostiene el santo que el valor de las cosas depende primero de su virtud o su esencia: es decir, de las características intrínsecas del bien; en segundo lugar, de su escasez: cuanto más escaso es un bien, céteris paribus, su valor será mayor; y, en tercer lugar, de su complacibilitas: «ció che ha di lusinghevole»; es decir, de su capacidad de satisfacer las necesidades humanas; su utilidad, considerada desde el punto de vista del sujeto. Por lo que pertenece el precio, dice San Bernardino: «El precio justo es el precio conforme a la estimación de la plaza; es decir,  el valor de la cosa que se quiere vender, que comúnmente se estima en un determinado tiempo y lugar; y cuando un individuo transfiere mercancías de un sitito a otro, puede venderlas al precio de este lugar». Además, San Bernardino anticipa en cinco siglos el análisis austriaco-jevoniano de la oferta y del coste: el coste del trabajo, la habilidad y el riesgo, dice el santo, no afectan directamente al precio, pero afectan la oferta de la mercancía, y, coeteris paribus, las cosas que requieren más esfuerzo o destreza para ser producidas tenderán a ser más caras.
En cuanto a la usura, San  Bernardino, lo mismo que San Antonino, fue más tradicionalista y no se alejó mucho de la interpretación oficial de la Iglesia. Siendo su primera preocupación salvar las almas de los ciudadanos, en el tema de la usura dejaba de lado el razonamiento económico y puramente lógico, para adoptar una postura casi dogmática. Tres eran, según el santo, los pecados más peligrosos en las ciudades de la época: la soberbia, la lujuria y –el más peligroso de los tres, por ser causa de los mayores problemas sociales– la avaricia. A pesar de la profundidad del análisis económico de la realidad de la época en sus sermones, prevalece en él una visión moralista de la pobreza y de la riqueza; el autor señala la usura como causa primera de la miseria: «Usurero, devorador de los pobres, serás castigado por tus pecados. Usurero, que has prestado… y bebido la sangre de los pobres, cuánto daño has hecho y cuánto has pecado en contra de los mandamientos de Dios». Es cierto que San Bernardino comprendió la diferencia entre el simple dinero estéril y el capital, entendido como dinero destinado a la inversión en negocios rentables (dinero que tiene un cierto carácter seminal de algo provechoso y que, por lo tanto, no pretende solamente la devolución del nominal, sino, además, de un valor sobreañadido o superadjunctus), y apoyó el concepto de lucrum cessans (concepto clave en la futura abolición del pecado de usura): o sea que es moral cobrar intereses sobre un préstamo iguales a la rentabilidad sacrificada, u oportunidad perdida, en una inversión legítima; pero limita el concepto de lucrum cessans solamente a los casos de préstamos por caridad y no a los prestamistas profesionales. A pesar de entender la diferencia entre dinero estéril y capital, y de intuir el concepto del coste de oportunidad, su preocupación moralizadora prevaleció sobre la estricta deducción lógica en el caso de la usura.
Finalmente, San Bernardino fue uno de los primeros en la historia en intuir el concepto de preferencia temporal: es decir, que los hombres prefieren bienes presentes a bienes futuros (o mejor dicho, la expectativa en el presente de bienes que se obtendrán en el futuro). Este concepto vendrá enunciado con más claridad, probablemente bajo la influencia de la obra del santo, por parte de Martín de Azpilcueta, el doctor Navarro (1493-1586), uno de los escolásticos de la Escuela de Salamanca: «Un derecho sobre alguna cosa vale menos que la cosa misma, y… es patente que aquello que no puede utilizarse hasta dentro de un año tiene menos valor que algo de iguales característica que pueda utilizarse de inmediato».
Bibliografía
§  Opera Omnia, 8 vol., Florencia 1950-1963.
§  De contractibus et usuris, Strasburg, Enrico de Rimini, 1474.
§  Istruzioni morali intorno al trafico de all'usura e con varie annotazioni illustrate per commodo de utile de' negozianti, Venecia, 1774.
§  Le prediche volgari di San Bernardino da Siena dette nella Piazza del Campo l'anno 1427, Luciano Bianchi, 3 vol., Siena, 1880-1888.
§  Le prediche volgari, Piero Bargellini, Roma, 1936.

Autor: Universidad Francisco Marroquín

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