jueves, 28 de julio de 2011

El Silencio de Dios


“Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto” Salmos 83:1 ¿Es increíble no? Como las cosas se nos pueden salir de control, pareciera que un día todo está normal y dicha normalidad dudara para siempre y el día siguiente es todo lo contrario y pareciera que nunca saldremos de ese desierto temible.

Y es que lo más difícil de esos momentos de desierto es la soledad que se siente, el sentimiento de que Dios se ha olvidado de nosotros, la sed espiritual y que no podemos saciar que produce y sobre todo el desgaste de nuestras fuerzas.

Pero aun con todo eso, jamás se nos debería olvidar que Dios nunca nos dejara. Y es que pareciera que a veces Dios esta guardando mas silencio del necesario, por más que buscamos no encontramos una Palabra, por más que anhelamos cosas, no se dan y es difícil cuando lejos de ver lo prometido, vemos todo lo contrario.

Yo se que son los silencios de Dios, los he vivido, los he experimentado y ahora estoy aquí, son duros, difíciles, desgastantes, pero lo mejor de todo y es lo que he aprendido a través de todo esto, siempre después de una etapa de SILENCIO siempre viene otra de bendiciones abundantes.

Y es que pareciera que Dios está examinando hasta donde somos capaces de soportar esos silencios, y no es que nos este torturando, sino que quiere moldear nuestra vida, nuestro carácter, nuestra fe y El está seguro que después de esta etapa tú serás mejor que antes.

¡Hay mi amigo y amiga! Si yo te contara todas las etapas de silencio que en mi vida me ha tocado pasar, no me las creerías, pero es la realidad, a veces he sentido como que Dios está demasiado ocupado como para ponerle atención a mis planes, a mis sueños, momentos en los cuales las oraciones se sienten tan vacías, en donde el ánimo ha decaído y en donde todo parece que está en contra.

Pero déjame decirte que a pesar que sientas todo eso, que estés experimentando uno de los momentos de más silencio de Dios en tu vida, no significa que El se ha olvidado de ti, ni que no cumplirá lo prometido o que no eres importante para El, al contrario, El tiene el cuidado de tu vida, de tus necesidades y sobre todo está trabajando en organizar como se cumplirán tus sueños y anhelos del corazón.

Hombres como Abraham, David, Elías entre muchos otros pasaron por esos momentos de silencio en donde experimentaron sentimientos encontrados, desesperación, persecución y tantas cosas que aparentemente los querían hacer creer que los propósitos de Dios en sus vidas no se cumplirían, mas al ver el final de cada uno podemos ver como un Abraham considerado amigo de Dios y padre de la fe hizo historia, un David considera por Dios mismo conforme a su corazón, un Elías que no experimento muerte físico sino que fue arrebatado por Dios, luego de darnos cuenta de los resultados finales de cada uno de estos hombres, no puedo más que quedarme tranquilo esperando que historia escribirá Dios conmigo.

Y es que de algo debes estar seguro, Dios escribirá una historia nueva contigo, pues si estas pasando uno de esos momentos de silencio de Dios, es porque hay algo mas para ti, es porque tú no eres del montón y porque has sido escogido para algo grande y por ello tienes que ser sometido a la escuela llamada: Silencio, en donde Dios trabajara contigo, para dejarte listo para escribir esa historia preciosa a través de ti.

Así que levanta tus ánimos, no desfallezcas, no te rindas tan fácilmente, cree, confía, mantente firme, porque algo grande viene para ti, tú has sido llamado a hacer historia a ser un hombre o una mujer temible para Satanás y todas sus huestes de maldad, este periodo en tu vida es necesario, porque Dios está trabajando en ti, y ten por seguro que la obra final será fabulosa, exacta para la tarea que se te encomendó.

El Silencio es hermoso cuando comprendemos que después de él viene algo GRANDE.


Autor: Enrique Monterroza

miércoles, 27 de julio de 2011

Frases sobre el Silencio



“Más vale un prudente silencio que una verdad poco caritativa.”

San Francisco De Sales

“Después de ver en qué se emplean, ¡íntegras!, muchas vidas lengua, lengua, lengua con todas sus consecuencias, me parece más necesario y más amable el silencio. —Y entiendo muy bien que pidas cuenta, Señor, de la palabra ociosa.”

“Está seguro de que eres hombre de Dios si llevas con alegría y silencio la injusticia.”

“¡Qué fecundo es el silencio! —Todas las energías que me pierdes, con tus faltas de discreción, son energías que restas a la eficacia de tu trabajo. —Sé discreto.”

San Josemaría Escrivá de Balaguer

“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.”

“La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos. En el silencio nosotros escuchamos su voz.”

Beata Madre Teresa de Calcuta

Sólo en el silencio el hombre logra escuchar en lo íntimo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente le hace libre.

Beato Juan Pablo II

No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.

Proverbio Árabe

“Es necesario cultivar primeramente en ellos el sentido del verdadero silencio interior. La adquisición de este sentido es difícil: a "encontrar a Cristo", como dice San Ignacio de Loyola, no se llega sin un largo esfuerzo paciente y bien orientado. Es el camino de la oración, estimada, amada, querida a pesar de todas las solicitaciones y de todos los obstáculos.”

Cardenal Gabriel M. Garrone

martes, 26 de julio de 2011

Silencio


Es preciso perderse para empezar a escuchar.

Es preciso hacer el silencio en la escucha y en la mirada para descubrir las formas del silencio.

El silencio se escribe, se ofrece a la escucha. En la escritura musical el silencio es figura y cada nota figurada posee su recíproca figura silenciosa, la figura de pausa. Una figura que mide el silencio.

En el lenguaje verbal también se grafía el silencio. Así, los puntos suspensivos dejan colgado el discurso, lo suspenden. Pero el valor de estos puntos depende de la palabra que los antecede.

El silencio te habla. Encuéntrate a ti mismo en el silencio. Ponte en marcha, al encuentro del silencio. Quien dice silencio, dice: oasis de paz, remanso de calma, alto en el camino. El silencio pacifica el alma, tonifica los nervios, sosiega el espíritu. Y hace hallar a Dios. El altavoz de Dios es el silencio.

lunes, 25 de julio de 2011

Oración para alcanzar el silencio

Señor: dame el don del silencio. El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mí.
De poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa. De penetrar perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado.
Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido.
Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me compenetre. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.
Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré... y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera comenzar a ser, de veras, hijo tuyo... Amén.

Autor: Santiago Bengoechea.

domingo, 24 de julio de 2011

El Silencio de Dios


Cuenta una antigua Leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción.
En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodillo ante la cruz y dijo:

- Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

- Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.

- ¿Cual, Señor?, - preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!

- Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.

- Haakon contestó: Os, lo prometo, Señor.

Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.

Pero un día, llego un rico, después de haber orado, dejo allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.

El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: ¡Dame la bolsa que me has robado!. El joven sorprendido, replicó: ¡No he robado ninguna bolsa!. ¡No mientas, devuélvemela enseguida!. ¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa! afirmó el muchacho. El rico arremetió, furioso contra él.

Sonó entonces una voz fuerte: ¡Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. El hombre quedó anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenia prisa para emprender su viaje.

Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo:

- Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.

- Señor, - dijo Haakon - ¿Como iba a permitir esa injusticia?.


Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz.

El Señor, siguió hablando:

- Tu no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer.

- El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida.

Tú no sabias nada. Yo si. Por eso callo. Y el Señor nuevamente guardó silencio.


Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué razón Dios no nos contesta....? ¿Por qué razón se queda callado Dios?

Muchos de nosotros quisiéramos que El nos respondiera lo que deseamos oír pero... Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio.

Debemos aprender a escucharlo.

Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que, El sabe lo que está haciendo.

En su silencio nos dice con amor: ¡CONFIAD EN MI, QUE SE BIEN LO QUE DEBO HACER!

Autor: Antigua leyenda noruega

viernes, 22 de julio de 2011

¿SABES CÓMO LLAMARLO?


¿SABES CÓMO LLAMARLO?

A eso de caer y volver a levantarte, de fracasar y volver a comenzar, de seguir un camino y tener que torcerlo, de encontrar el dolor y tener que afrontarlo, a eso, no le llames adversidad,

llámale SABIDURÍA.

A eso de sentir la mano de Dios y saberte impotente, de fijarte una meta y tener que seguir otra, de huir de una prueba y tener que encararla, de planear un vuelo y tener que recortarlo, de aspirar y no poder, de querer y no saber, de avanzar y no llegar, a eso, no le llames castigo,

llámale ENSEÑANZA.

A eso de pasar días juntos radiantes, días felices y días tristes, días de soledad y días de compañía, a eso, no le llames rutina,

llámale EXPERIENCIA.

A eso, de que tus ojos miren y tus oídos oigan, y tu cerebro funcione y tus manos trabajen, y tu alma irradie y tu sensibilidad sienta, y tu corazón ame, a eso, no le llames poder humano,

llámale MILAGRO.

jueves, 21 de julio de 2011

Bossuet

«Et dixit qui sedebat in throno: Ecce nova facio omnia» (Ap 21, 5)

Será, sin duda, un gran espectáculo, cuando Aquel que está sentado sobre el trono, de quien depende todo el universo, y a quien no le cuesta nada hacer o decir —porque hace todo lo que quiere por su sola palabra—, diga desde lo alto de su trono, al fin de los siglos, que va a renovar todas las cosas; y al mismo tiempo se vea cambiar a toda la naturaleza apareciendo un mundo nuevo para los elegidos. Pero cuando, para prepararnos a esas novedades sorprendentes del siglo futuro, él actúa secretamente, por su Espíritu Santo, en los corazones que cambia, que renueva, removiéndolos hasta el fondo, inspirándoles deseos hasta entonces desconocidos, este cambio no es ni menos nuevo ni menos admirable. Ciertamente, cristianos, no hay nada más maravilloso que estos cambios.

Jacques B. Bossuet